18/11/22

Groundhog Day (1993)

Es gracioso ver a Bill Murray recibir un palazo a la nuca

por Julia B.

Hechizo del tiempo (Groundhog Day) // Año: 1993 // Dirección: Harold Ramis // País: Estados Unidos // Idioma: inglés // Guión: Harold Ramis y Danny Rubin // Fotografía: John Bailey // Edición: Pembroke J. Herring // Música: George Fenton // Elenco: Bill Murray, Andie MacDowell

Phil “uno punto uno” es una persona nefasta. Su única motivación es irse de dónde está, sin ningún tipo de ansia por el lugar que le espera. ¿Su única caracterización? Ser desagradable. No hay nada detrás de la sonrisa sarcástica que se estira en la cara de tiza del presentador del pronóstico. Su cinismo pareciera afectar su capacidad de predecir el clima, temática que se extiende a lo largo de Groundhog Day (1993). Comienzan los créditos junto con la película, acompañados de un cielo en movimiento; finaliza, en cambio, con un cielo estático. Todo vuelve a su lugar, como debe ser. Es la historia de un correctivo aplicado mediante calentura, una persona que frente a la posibilidad del caos elige en cambio perfeccionar las peores veinticuatro horas de su vida. O las peores cuarenta y ocho. O las peores setenta y dos mil.

Phil comienza un largo viaje al volver a vivir una y otra vez el dos de febrero, en Punxsutawney, un pueblo del interior de Pennsylvania donde se celebra el Día de la Marmota. Se da de inmediato un encantador juego entre el roedor que pronostica el invierno, Phil, quien no ve su sombra, y Phil, el presentador del tiempo que es solamente sombra. Un personaje que está vacío, y solo logra construirse en la incorporación de información, datos. Al terminar de aceptar la realidad de su condición y gracias a dos lugareños, Phil entiende que está libre de moral, libre de todo, un posible mundo de caos y libertades se extiende delante de él. Elige jugar, casi matarse (casi matar a otros), salir del sistema, caer preso. La experimentación con los límites de lo obligatorio dura poco y nada: al dos de febrero siguiente, Phil empieza en cambio una investigación minuciosa para poder adaptarse mediante manipulaciones y mezquindades para sacar ventaja. Aquí, por suerte, la comedia toma cuerpo en esos momentos donde Bill Murray no hace el chiste, sino que Bill Murray es el chiste. Desde un pequeño recorrido por géneros clásicos como el robo al banco o un western, hasta elipsis temporales indefinibles donde Phil aprende a esculpir sobre hielo. Pequeños momentos que dejan entrever el eterno detener del tiempo de su vida. ¿Cuántos días no pasaron? Incontables. Solo a través de los resultados de su aprendizaje es que podemos vislumbrar cuán larga es la condena del infeliz.

Pareciera que, casi como fruto del aburrimiento, Phil decide que su vida debería tener un objetivo claro: Rita, interpretada por Andie MacDowell, la productora de Phil, encargada de que él cumpla su trabajo. Por cada gesto sardónico de Phil, Rita brinda por la paz mundial. Un personaje tan hecho de luz que sólo MacDowell, con su encanto sureño, podría llegar a dar verosimilitud. Por momentos. Phil comienza su modus operandi: intentar algo, fracasar, incorporar la información, avanzar un casillero más. Un trecho que obliga a pensar que la tortura eterna es ahora compartida. Phil repite el mismo día, pero Rita también. Una y otra vez ninguneada, una y otra vez ofendida, día tras día. Compilaciones que podrían ser cómicas se vuelven tenebrosas al sentir el abrazo indeseado de Phil momentos antes de ofrecerle su helado favorito. Cuántas veces Rita descubre que ese día había sido meticulosamente planeado. Cuántas veces que ella había sido manipulada. Phil trata de convertirse en lo que Rita cree desear. Ella es lo correcto, ella es buena, quiere hijos, es amable, quiere un hombre que sepa cambiar pañales, que sea un buen samaritano. Phil debe entonces transformarse en ese hombre que, igual que ella, brinda por la paz mundial y recita poesía de memoria.

Fracasa. Por fortuna, fracasa. Los colores fríos acompañan esta búsqueda e indican que no es mediante la repetición que Phil podrá compartir la calidez de Rita. No es por acá. ¿Y si no es por acá, por dónde? Phil deja que tome el control Phil, la marmota, en una excelente escena -cuando se permite caer en el ridículo-. Da comienzo entonces a una secuencia de suicidios. Hay algo muy vital en su curiosidad por probar distintos métodos. Me pregunto si recordará el dolor. Probablemente. Phil uno punto uno muere un sinfín de veces.

Nace ahora un proyecto de persona. Se termina de caer el exterior cínico de Phil; no se encuentra nada detrás. En el primer momento genuino de toda la relación con Rita, Phil comparte su angustia por ser un dios. No “el” dios, sino uno. Se pregunta si dios no sabrá todo lo que sabe simplemente por haber existido tanto tiempo. Acá ya tenemos el dicho, pero siempre lo creímos diablo. El primer dos de febrero donde confiesa saberlo todo: no vuelve su conocimiento piezas de artillería, sino que comparte su realidad. Le permite a Rita verlo a él y no a un espejo, la música orquestal va en incremento, lo baña una luz cálida. Es por acá. Deja de regurgitar lo aprendido y trata de encontrarse con ella. Sigue habiendo sin embargo una tensión de fondo, él sigue roto. Incluso cuando ella acepta el juego es absorbida por una boca de lobo reflejada en una ventana. Vamos bien pero no llegamos. Él ya encontró su objetivo; el medio será la transformación. Perdido en un purgatorio sin saber qué pecado expiar, ahora encuentra la respuesta: deberá ser tan buena persona como es ella. Usará todo su poder de dios para volverse un buen ciudadano, el héroe del pueblo. El moralismo en su máxima expresión estadounidense: solo en su papel de santo es que se le permite ganar a la chica y salir, al fin, del dos de febrero. Sin embargo, luego del camino atravesado, Phil se entrega manso a la vida del marmota.