“Aún continúa la búsqueda del niño desaparecido”
por Julia B.
Ea’eb (cortometraje animado) // Año: 2021 // Dirección: Shaool R. Levy // País: Israel // Idioma: hebreo // Guion: Shaool R. Levy, David Ashkenazi // Edición: David Ashkenazi // Elenco: Amnon Levy, Ariella Levy
Cinco minutos son poco tiempo para conmover a una audiencia y Ea’eb (2021) no se anda con rodeos. El corto animado israelí, escrito y dirigido por Shaool Levy, empieza con una tesis explícita. La búsqueda aún continúa. Y donde está el niño está la madre culpógena: es inevitable, la temática del hijo y la madre aparece como un motivo frecuente en la cultura judía. Acorde al film, “ea’eb” quiere decir vergüenza. Es la maldición amorosa: para herir como hiere la vergüenza de alguien, primero se debe amarle. La idishe mome, mítica como monstruo y como hada, se esconde detrás de cada judío neurótico. Una madre orgullosa que tira dagas cuando se la descuida un minuto. Son historias ya vistas y contadas, pero como la realidad no cambia, el arte debe seguir representándolas.
Ea’eb comienza con un noticiero donde un presentador informa la desaparición de un niño, la remera verde que llevaba puesta, la discusión que tuvo con su madre, la declaración que ella dio… Cuando las palabras que salen de su boca llegan finalmente a cobrar significado, el presentador titubea frente al teleprompter. Segundos eternos e incómodos donde todo se mantiene detenido hasta que logre formular la palabra. Ea’eb. El suscitarlo invierte el blanco y negro del corto y conjura un viaje introspectivo que ocupará el resto del film. Se presiente drama, pero el estilo de la caricatura ejerce un efecto reconfortante, mantiene al relato en el terreno de la ternura sin verterse a la tragedia.
El flashback recorre la conflictiva relación con su madre, quien saltando de cuadro en cuadro lo persigue a toda realidad. Episodios humillantes se hilan hasta llegar al momento victorioso, cuando el protagonista deje de ser una vergüenza. Ea’eb. El nuevo empleo que hubiera alcanzado las expectativas maternas resulta en cambio en una batalla más, la discusión con la que él desaparecería. Resuenan todavía las palabras del inicio “aún continúa la búsqueda del niño desaparecido”. La idishe mome orgullosa por el nuevo trabajo no lo felicita, lo somete una vez más a un amor asfixiante color verde brillante. El verde será ahora la condensación de las contradicciones en el vínculo; el cual quedará pendiente, pendido de una percha detrás de una puerta cerrada. El uso preciso de los silencios se hace escuchar, el portazo suspende la realidad y la recorta. La vida del hijo sigue, pero la madre ha quedado del otro lado.
La melancolía y ternura que acompañan la conciliación post-mortem propone un viaje ahora no cronológico, sino de madurez. El niño no dejará de ser niño porque pasen los años, deberá crecer y cambiar. Si bien un poco fantasioso a la hora de derribar monstruos internos, el re encuentro con esa madre mediante una carta escondida en el saco resulta francamente conmovedor. Con un verde que no cega en un traje de mal gusto, sino que ilumina el cariño que se ocultaba en los reproches. Las lágrimas del presentador quedan suspendidas en ese espacio de sublimación, desapareciendo en la inversión de colores que nos trae al presente, un literal pase del negativo al positivo. La vergüenza se desvanece, teñida ahora de un cálido verde chillón. El niño se encontró. Continuamos con las noticias.
14 de mayo de 2022